/TEXTOS /
Boton de la estetica roja y un ruido
/de Joaquín Longinotti Un botón y la textura de un botón, algún ruido crujiente o un leve sonido tecnológico. Una apertura instantánea del oscuro telón muestra una obra que ya empezó hace rato. Un paseo de pestañeos rápidos por imágenes y ruidos que suplantan esa compañía sospechosa , arrebatadora de silencios. Un cantinero de película a la inversa o la propuesta alternativa a una ventana. Fábrica de ficciones, escenario del siglo: un televisor emanando televisión, liberando desde el misterio de un cuadro opaco esa ola de estímulos que nunca descansa, que sigue respirando entre click y click; ondas atravesando cuerpos y filtrándose en casas como un humo invisible rebobinado.
La ubico en esa virtualidad de cosas informes y de lejos la llamo fenómeno. Porque siempre está, mostrando sus mil facetas bajo un mismo nombre que en la opinión se queda a medio camino entre el bien y el mal. Informante, madre de celebridades, cuna de lo masivo o grosero mantra de fondo. Polémica y siempre de moda, incansable pastelera social de mentes necesitadas de alguna verdad, por mas mentirosa que la sospechen.
Qué formas adoptaría esta realidad envolvente sin su influencia; bajo el amparo de las cosas teóricas dudo de paralelismos y veo una especie de retroalimentación de ficciones. En una de esas el entorno del aparato se tiñe de rasgos inspirados en los mismos ruidos y luces que libera. Realidad televisada, televisión realista o algún paréntesis nebuloso en medio de las dos cosas.
Hablar de ella la excede. Su referencia limpia y directa en la lengua rutinaria parece aludir a una especie de altar de símbolos vacíos que se infiltra en lo cotidiano hasta casi procrearlo. Trae olores de lo popular en un mundo pervertido; imágenes saturadas de risas maquilladas y publicidades definiendo la nueva necesidad del año.
Una suplente de ideas, una compañía casi mentirosa en su invasión. Distracción, definición de conversaciones de vereda.
Perfecto híbrido virtual y plástico entre criatura y objeto (criatura social), ser invisible o tanza conductora de comentarios que pasan al pasar en un bondi o un cumpleaños de extraños conocidos.
Astuto, eficaz semi-ser, lupa de estadísticas; merecemos la televisión.
No llega a existir, respira, se nutre de individualidades comunes y movimientos rápidos. Se rellena infinitamente con personas impersonales y monopolios de necesidades. Estimulante, entendimiento efímero y constante y casi absurdo. Su toma de sentidos y atenciones desconoce al tiempo y a la vez dura, transcurre dando una sensación perfecta de horarios.
Engañosa creadora de instantes, manipuladora para el ajeno a su percepción. Enemiga de todos esos silencios de ruidos, de cuelgues visuales en un rincón, de notas de revistas en almuerzos solitarios o de recuerdos del día que pasó. Pero silenciadora de realidades silenciosas, escapatoria segura al silencio primero y verdadero de estas realidades.
Audaz ilusionista, alquimista de fantasías de televidentes observadores observados.
Trovadora o juglar de estos tiempos. La televisión engorda.
Qué formas adoptaría esta realidad envolvente sin su influencia; bajo el amparo de las cosas teóricas dudo de paralelismos y veo una especie de retroalimentación de ficciones. En una de esas el entorno del aparato se tiñe de rasgos inspirados en los mismos ruidos y luces que libera. Realidad televisada, televisión realista o algún paréntesis nebuloso en medio de las dos cosas.
Hablar de ella la excede. Su referencia limpia y directa en la lengua rutinaria parece aludir a una especie de altar de símbolos vacíos que se infiltra en lo cotidiano hasta casi procrearlo. Trae olores de lo popular en un mundo pervertido; imágenes saturadas de risas maquilladas y publicidades definiendo la nueva necesidad del año.
Una suplente de ideas, una compañía casi mentirosa en su invasión. Distracción, definición de conversaciones de vereda.
Perfecto híbrido virtual y plástico entre criatura y objeto (criatura social), ser invisible o tanza conductora de comentarios que pasan al pasar en un bondi o un cumpleaños de extraños conocidos.
Astuto, eficaz semi-ser, lupa de estadísticas; merecemos la televisión.
No llega a existir, respira, se nutre de individualidades comunes y movimientos rápidos. Se rellena infinitamente con personas impersonales y monopolios de necesidades. Estimulante, entendimiento efímero y constante y casi absurdo. Su toma de sentidos y atenciones desconoce al tiempo y a la vez dura, transcurre dando una sensación perfecta de horarios.
Engañosa creadora de instantes, manipuladora para el ajeno a su percepción. Enemiga de todos esos silencios de ruidos, de cuelgues visuales en un rincón, de notas de revistas en almuerzos solitarios o de recuerdos del día que pasó. Pero silenciadora de realidades silenciosas, escapatoria segura al silencio primero y verdadero de estas realidades.
Audaz ilusionista, alquimista de fantasías de televidentes observadores observados.
Trovadora o juglar de estos tiempos. La televisión engorda.